sábado 8 de enero de 2011

El juego de todos

Cada 23 de diciembre, cada 6 de enero, entrañable y puntual como la misma Navidad, la fortuna llama a la puerta de los humildes. Tocados por la varita de un mágico azar, ríen y lloran de felicidad los vecinos de un barrio cualquiera: pequeños, jóvenes, adultos, ancianos que un día depositaron su fe en algún boleto. Un viaje, un coche, una casa, unos agujeros que tapar; la emoción abruma y apenas permite articular las palabras entre el jolgorio. El premio está muy repartido, informan los informadores, diligentes y alegres por la alegría contagiosa de los agraciados. Así nos ilustran los noticieros de esa euforia desbordada merced al dinero caído del cielo. Algún rico habrá que se lleve algo, tal vez, porque aunque son menos gastan más, pero no recae en ellos el protagonismo de este feliz momento. Es la hora de los sencillos; bienaventurados los trabajadores y los parados, porque de ellos será la gloria. El sorteo celestial y mundano ha vuelto a obrar el milagro. Corran los ríos de champán, suene la música festiva, exploten los petardos dicharacheros. Ojalá no le tocara a nadie.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

A lo mejor los que salen en la tele con champán y petardos son actores contratados, todo es una estafa recaudatoria y en realidad no le toca a nadie. A mí al menos nunca me ha tocado, claro que yo no juego...

M.Bola

SHAMISENN dijo...

Discrepo. Ojalá me tocara a mi.